Cada escuela, un escudo.

Si la escuela es el segundo hogar; entonces la casa debe ser la primera escuela.

Hay momentos en los que toda sociedad debe replantearse los temas esenciales, los que sí son importantes para su desarrollo y bienestar y que verdaderamente valen la pena; una reflexión conjunta que, posteriormente, nos permita encontrar las grandes respuestas que surgen ante esas interrogantes. 

Ese momento es justamente el que vivimos en Yucatán. Lo percibimos en el ámbito económico en el que estamos dando un paso al frente en materia de innovación y tecnologías. Ese mismo escenario se replica en materia de conectividad donde estamos construyendo las rutas terrestres, ferroviarias, marítimas y aéreas para que Yucatán tenga presencia en el mundo, y el mundo esté presente en Yucatán.

Por supuesto, éste también es el momento en el que en materia de seguridad debemos de dejar únicamente de preguntarnos cómo Yucatán -con sus leyes, instituciones y cuerpos de seguridad- nos puede proteger como ciudadanos. Hay que reformular esa pregunta, hay que darle otro enfoque, uno que sea más participativo para poner manos a la obra y que cada uno de nosotros, desde Celestún hasta Chemax, de Río Lagartos a Tekax, de Mérida a Chichimilá, seamos escudos de Yucatán.

Por ello, estoy convencido que Escudo Yucatán debe ser más -mucho más- que sólo un programa u otra iniciativa de gobierno; al contrario, debe ser la sociedad en su conjunto, trabajando de manera estrecha, hombro con hombro, uniendo fuerzas para preservar y proteger los valores, principios y costumbres que nos hacen sentirnos seguros y en armonía en esta gran casa de todos nosotros que es nuestro estado.

Por supuesto, todos los que participamos en el modelo educativo nos sumamos a este gran esfuerzo colectivo. Lo vamos a hacer en las 3 mil 708 escuelas de educación básica y media superior en el estado. ¡3 mil 708 escuelas! Y sólo para dimensionar lo que representa esta cifra, basta con decir que este número es similar a la cantidad de unidades económicas de todo el estado en los sectores de pesca y acuicultura, minería, construcción, transportes y servicios financieros y de seguros. Aún más, la población total de Yucatán (que es de 2 millones aproximadamente) cabe en nuestras escuelas si ubicamos en cada plantel a 540 habitantes.

De ese tamaño es la presencia, la cobertura y el impacto de los planteles educativos. Ahora, hay que lograr que cada comunidad educativa sea un verdadero escudo que refuerce nuestra seguridad y armonía social.

Las escuelas son más que aulas, pupitres y pizarrones; las escuelas son comunidades de aprendizaje y espacios que propician la sana convivencia y la cultura de la paz. Una cultura de la paz, de valores y principios que, como padres de familia, debemos inculcar desde cada hogar.

Y es que si bien el binomio hogar-escuela es importante en muchas áreas, en cuestión de seguridad es fundamental. Alumnos, docentes, autoridades y padres de familia debemos hacer nuestra parte, debemos ser escudos de Yucatán. Como secretario de Educación lo tengo muy claro y, sobre todo, como padre de familia asumo esa responsabilidad.

Porque claro que son importantes las mil 800 cámaras de vigilancia ubicadas estratégicamente en puntos del estado, pero no hay mejor cámara de vigilancia que la mirada cariñosa de un padre de familia o la mirada atenta de un docente.

No hay mejor tecnología de reconocimiento de rostros que conocer a los amigos de nuestros hijos. No hay mejor sistema de monitoreo y localización en tiempo real que una buena comunicación entre todos los integrantes de la familia. El Operativo Mochila más efectivo es el que se realiza desde casa, y el mejor alcoholímetro es el que hacemos los papás cuando nuestros hijos regresan de alguna fiesta.

Recuerdo muy bien que al visitar Chichimilá, con motivo de una entrega de Bienestar Digital, una maestra se me acercó para externarme su preocupación respecto a algunas cuestiones que sucedían en las inmediaciones de su plantel. Ella me manifestó su interés por participar de una manera más activa, involucrarse aún más y poner parte de su tiempo para hacer de su escuela un espacio todavía más seguro. Ese mismo compromiso lo constaté en un padre de familia del municipio de Progreso, un papá que más que preocuparse, quería ocuparse y establecer un lazo aún más afectivo con su hijo. Y sé que como esa maestra, y como ese papá, hay miles de docentes y de padres dispuestos a proteger a su familia, dispuestos a proteger a nuestra tierra.

Precisamente, con esa convicción vamos a hacer de cada escuela, de cada hogar, de cada familia, un escudo de Yucatán.