VÍCTOR CABALLERO DURÁN
 
 

Pertenezco a la generación de finales de los sesentas. Recuerdo muy bien cada etapa de mi vida: mi abuela yendo por mi al kínder; mis amigos jugando encantados bajo la lluvia en la calle cuando la ciudad terminaba en la esquina de mi casa; las tardes cuando después de la escuela iba al negocio de la familia a ayudar a mis padres; mis traslados en bicicleta; el día que me flechó mi esposa Elsa en la prepa; mi graduación y la cara de felicidad de mis padres; mi primer salario, el día de mi boda; el nacimiento de mis hijas; mi casa nueva; la escuela de mis hijas, etc.

Por supuesto que también tengo todavía presente cada uno de los retos que he enfrentado como profesionista, como académico y como servidor público. Se dice fácil pero ya son más de veinticinco años de trabajo ininterrumpido que han sido un gran cúmulo de vivencias y experiencias de todo tipo.

A lo largo de este tiempo he visto la manera en que la sociedad y sus conflictos han evolucionado, cómo la modernidad y la tecnología ha cambiado nuestra forma de vivir, la manera en que las leyes tienen que acelerar el paso para adaptarse a nuestras necesidades; he sido testigo del crecimiento desbordado de nuestra ciudad, el deterioro del medio ambiente, el alto consumismo que vivimos en occidente y su asociación con la felicidad; el incremento del estrés social, la globalización que ha detonado el internet, cómo funciona la inteligencia artificial, por supuesto el uso desmedido de las redes sociales, la dependencia del celular, la enorme cantidad de información irrelevante que circula en la nube y lo que es vivir en tiempo real.

En la actualidad los cambios se dan constantemente y forman parte de nuestra vida diaria, debemos de estar conscientes de esta realidad y asumir el compromiso que cada uno de nosotros tiene no sólo con el entorno donde vivimos sino más que nunca las responsabilidades que tenemos con el mundo por que hoy nuestros problemas no reconocen fronteras ni nacionalidades.

En particular quienes ejercen una función de liderazgo en la sociedad, ya sea en el sector público, social o privado, deben afinar muy bien su visión y la manera de enfrentar esas realidades y los retos que nos deparan los próximos años.

Un Líder en esta época debe estar preparado para enfrentarlos de una manera más vertiginosa, saber resolver problemas más rápido y de manera creativa, escuchando opiniones y argumentando decisiones.

Por la trascendía de sus responsabilidades, un Líder debe asumir que nunca hay tarea concluida y que sólo puede enfrentar los constantes retos con más preparación, estar dispuesto a aprender y corregir, a trabajar en equipo y fomentar la colaboración de todos.

Visualizo que como sociedad únicamente tendremos viabilidad si contamos con Líderes que siempre actúen colocando a la persona en el centro de sus decisiones.